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A pesar de la sequía y el dólar especial que buscó acelerar la comercialización, aún hay más de 10 millones de toneladas en poder de los productores.

 

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La campaña de soja 2022/23 quedará en la historia como una de las peores que tuvo que atravesar Argentina, con una caída productiva del orden del 50% a causa de la sequía y un ingreso de divisas también diezmado ya que se estima que este año ingresarán en total alrededor de u$s20.000 millones menos. En este contexto, el Gobierno buscó acelerar el ingreso de dólares del sector de la mano de un tipo de cambio diferencial que logró recaudar alrededor de u$s5.000 millones; una medida que, si bien alcanzó el monto estimado por el oficialismo, dejó en la práctica gusto a poco. Hacia adelante lo que se destaca que, con una cosecha de la oleaginosa estimada en alrededor de 21 millones de toneladas, alrededor de 10,6 millones de toneladas quedan por venderse, es decir, más del 50% del total producido.

 

En la práctica, según se desprende de los registros oficiales de comercialización que lleva adelante la Secretaría de Agricultura de la Nación, la comercialización de soja del actual ciclo se encuentra 7 puntos por debajo de la campaña pasada a la misma época y también por debajo del promedio de los últimos cinco años. En definitiva, los productores están reteniendo el grano muy a pesar de la sequía y las necesidades financieras que deban afrontar de cara a la próxima siembra de trigo que iniciará en breve.

 

En este sentido, en el sector destacan que la soja es considerada un refugio de valor indispensable para el productor y más en tiempos de incertidumbre. Más concretamente, la mirada está puesta en las elecciones y en el posible cambio o no del rumbo económico. Una de las dificultades que plantean es que la brecha entre el dólar oficial y los paralelos desalienta decisiones de venta y más teniendo en cuenta que la soja local está cotizando por debajo de las pizarras de Chicago.

 

En el plano político, en el campo continúan reclamando una baja de las retenciones a la oleaginosa y los cereales, algo que en la práctica y con la necesidad de recursos que tiene el país parece poco ejecutable. Lo cierto es que algunos candidatos de la oposición prometen ejecutar una reducción del tributo en caso de ser electos. Algo similar pasó cuando Mauricio Macri llegó a la presidencia en 2015, quien le sacó las retenciones al trigo y el maíz y redujo las de la soja, pero eso duró muy poco ya que en 2018, y luego de endeudarse con el FMI, el tributo volvió para quedarse.

 

Más allá de las especulaciones políticas que hay detrás de las retenciones, a este panorama se suma, además, que en la industria de la molienda de la oleaginosa remarcan que este año será necesario importar más soja para cubrir con los compromisos de exportación pautados. Un escenario complejo teniendo en cuenta, además, que Argentina podría cederle su lugar de líder en las exportaciones de subproductos en manos de Brasil.

 

 

 

 

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